Personalidades: Carlos Pellegrini y el turf

El siguiente es un extracto de la Revista Hípica Argentina que habla sobre la relación de Carlos Pellegrini (1846-1906) con el turf. Pellegrini, que lleva su nombre en la máxima carrera de caballos en la Argentina, fue el fundador del Jockey Club argentino. Ejerció funciones como presidente durante el período 1890-1892, creando el Banco de la Nación y la prestigiosa Escuela Superior de Comercio (pública), actualmente más sencillamente conocido como "Colegio Carlos Pellegrini", dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
"Yo no vivo en una casa de cristal. Tengo muchos defectos que reservar, y no soy una virgen que en su casta y candorosa inocencia puede en todo momento ofrecerse a la contemplación pública. Vivo en casa de piedra, y he formado un lugar conocido, respetado y honesto. Voy, cuando quiero reposar mi espíritu de tanta miseria, a los teatros, a las fiestas, a los hipódromos, y allí encuentro lo que hay de más culto y distinguido en mi país" proclamó desafiante Pellegrini, cierta vez, en un documento memorable.

"La idea de fundar el Jockey Club nació aquí, en París, después de asistir al Derby de Chantilly" había escrito Remigio Gonzáles Moreno.

"En 1876 nos reunimos a comer Carlos Pellegrini, Miguel Cané, Pedro y Enrique Acebal, y yo- dice Remigio Gonzáles Moreno -"En esa comida, la conversación terminó en el tema, diciéndonos Pellegrini estas palabras: 'Bueno, den por fundado el Jockey Club de Buenos Aires".

Carlos Pellegrini

Inspirado en los antiguos circos hípicos de Epsom, Auteil, Longchamp, y Chantilly, supo dar la fisonomía característica al hipódromo Argentino de Palermo [...]".

El primer caballo que Carlos Pellegrini tuvo, allá por 1891, fue en sociedad con Ignacio Correasy Julián Martínez. Fue un alazán hijo de Zanoni y Mariana. Después de ganar seis carreras, incluídos grandes premios Jockey Club y Nacional, se retiró de las pistas invicto. Para mayores detalles, lo cuidaba Orezzoli, y corría con la chaquetilla blanca, brazalete y gorra verde, del stud Las Ortigas; del haras homónimo ingrsó como padrillo dando muy buenos descendientes , entre ellos Melgarejo (uno de los mejores caballos de principios del sXX en la Argentina).

Fue fundador en homenaje a aquel raudo campeón del stud Amianto, y algunos de sus pupilos fueron ganadores clásicos.

Extraído de: Revista Hípica Argentina Nro 2, Año 1999.

Historia de la EJAJC a través de los años

Orígenes y primeros años
La Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club se inauguró en el año 1940, mismo año en que se cuadruplecoronaba la célebre potranca La Mission, y en un momento de gran plenitud del turf argentino. A la par de su creación, también se creó una escuela de entrenadores, realizando publicaciones periódicas inclusive para asuntos tan importantes como la herrería y otros instructivos -sumamente completos- destinados a la formación de profesionales.

Un testigo de lujo de la primera era de la escuela fue ni más ni menos que Don Anibal Etchart. "Brazo Fuerte", como lo apodaban, fue uno de los jockeys más destacados de la historia de la hípica nacional, y uno de los más queridos por la afición burrera. Compitió en los días de gloria del turf argentino, cuando su popularidad se equiparaba a la del fútbol, contra leyendas de la fusta como Irineo Leguisamo, Pedro Artigas, y Roberto Quinteros. El mismo es toda una leyenda viviente.

 "Ingresé a la escuela de jockeys en 1954, que en aquel entonces estaba en el hipódromo de Palermo, pero tuve un paso bastante corto, de sólo seis meses o un poco menos", recuerda Anibal, oriundo de una familia rural dedicada a la actividad tambera. "En aquellos años, teníamos a Alejandro Lhuillier como profesor y director, y a Pedro Alessandro como profesor de técnica de equitación. Alessandro nunca fue jockey sino que era especialista en equitación clásica".

Alejandro Lhuillier, jockey del ganador del Gran Premio Nacional de 1942, Banderín, forma una inevitable y larga página en la historia de la escuela, extendiendo su dirección desde la década del '50 hasta la década del '70 inclusive.

Según rememora Etchart, la cursada consistía en un día semanal, los días lunes, dos horas, sumado a exámenes periódicos. El "ok" para salir a competir era responsabilidad del starter, ante el pedido de uno o más tutores, con los que el alumno debía contar. Cuando se consideraba que el alumno estaba listo para correr, el o los tutores (incluyendo Lhuillier) intercedían ante el starter, éste supervisaba una partida del aspirante, y si todo iba bien, se programaba su debut.

 "Nos enseñaban a montar, pero era lo básico" dice Etchart, quien a los 20 años ya estaba compitiendo en las mayores carreras del país. Y añade: "Nos corregían la postura: poner la pierna un poquitito más para acá, acortar un poquito allá, y así, pero no mucho más. Eso si, el que no servía, se iba". Anibal aclara que sobre todo lo demás, como técnica de desarrollos, lo debían aprender sobre la marcha, una vez expuestos a los ruedos de los grandes escenarios.

 Etchart guarda con simpatía su anécdota más inolvidable de su paso por la escuela: "A Lhuillier (el director) le decían 'El Inglés'. Era muy serio, muy seco. Una vez me hizo montar un caballo muy duro de boca, Whisky, un alazán de cabeza grandota. Resulta que se me disparó y saltamos la valla... no lo podía parar. Lhuillier me gritaba '¡Téngalo, téngalo!' y yo le decía '¡¡Téngalo usted!!'.

Otro contemporáneo que nos brindó su testimonio, fue Raúl Tavella. Apodado "el Perro", fue un buen jinete de su época, primo del mismo Etchart. Ingresó en 1957, pocos años más tarde que Etchart, teniendo los mismos profesores y método de enseñanza. Tavella logró un buen número de carreras y actualmente se dedica al entrenamiento.

 Para la década del '60, la escuela de jockeys se había mudado a San Isidro, a unos 700 metros de la ubicación la actual, en uno de los studs que dan sobre la esquina de la avenida Márquez y Diego Carman. La cursada se incrementó a dos veces por semana, con una duración de dos años, pero como siempre, podía variar según el rendimiento de cada alumno. Alejandro Lhuillier proseguía como director de la escuela, aunque Alessandro, especialista en equitación clásica, ya no estaba. En vez, se prefirió que las clases de equitación de carrera fueran impartidas exclusivamente por jockeys, algo que se mantendría en el futuro.

Fue una época especialmente particular, donde se estaba generando una histórica transición rioplatense del freno al filete como embocadura. Hasta aquel el momento, y desde los albores del turf argentino, el freno siempre había sido la embocadura de elección, algo que nunca sucedió, por ejemplo, en Inglaterra o en los Estados Unidos. Pero la importación de jinetes ajenos al Río de la Plata, como los chilenos Oscar y Raúl Zapata, y Eduardo Jara -todos fileteros-, en consonancia con el gran éxito que obtuvieron, obligaron a replantear el uso del tradicional al freno.

Con tal propósito, a mediados de los sesenta, se incorpora a la escuela como maestro de filete el chileno Juan Araya, (además de continuarse simultáneamente la enseñanza del uso del freno, a cargo de Lhuillier). Araya tuvo un exitoso pasado en las pistas argentinas y venezolanas. A fines de la década del cuarenta, vino a correr a la Argentina, contratado por el inolvidable criador brasileño Roberto Seabra y por el stud La Pomme, y en los cincuentas se radicó en Venezuela, consiguiendo un notable suceso. Para 1960, problemas de salud lo obligaron a colgar la fusta, regresando a su país de origen, obteniendo allí la patente de entrenador. Pocos años más tarde regresó a la Argentina y tomó la propuesta de enseñar en la escuela de jockeys del Jockey Club. Araya sería profesor de Héctor Libré (actual director de la escuela de jockeys del Jockey Club), Adolfo Quinteros, Marina Lezcano y el mismo Jorge Valdivieso, entre otros.

En el año 1967 se introduce una de las modernizaciones más notables: el partidor eléctrico. Así, el anticuado sistema de cintas quedaba en el pasado, mejorando el aspecto de seguridad e igualdad en las largadas. Obviamente, este nuevo sistema requirió una mayor preparación para caballos, jockeys y personal de largada.

La década del '70 significó mucho para el turf argentino. Si bien sería sobre finales de la década, la reapertura del hipódromo de San Isidro en 1979 marcaría un hito en la historia de la institución. Se suman a las escuelas jockeys mujeres: la bonaerense Marina Lezcano y la correntina Blanca González fueron las primeras féminas argentinas en correr caballos de carrera. El filete se estaba imponiendo como bocado por excelencia. Se estrenan las carreras nocturnas en el hipódromo de Palermo en 1971 tras la inauguración del sistema de iluminación.

Las competencias pasaron a celebrarse tres veces a la semana. Alejandro Lhuillier cumpliría su tercera década al frente del establecimiento, mientras que Juan Araya continuaba enseñando el manejo del filete y se sumaba al staff el ex-jockey Bernardo Marco.

 Los egresos por entonces eran masivos, de a dos tandas por año. Una de las camadas más numerosas fue la de Jorge Valdivieso, el jockey argentino más importante de la historia, con 29 alumnos, en el año '73. Con su calidez y simpatía habitual, Jorge también nos acompañó en esta reconstrucción de la historia de la escuela de jockeys del Jockey Club.

Rememora Valdivieso: "En mi tiempo había tres profesores: Alejandro LhuillierBernardo Marco y Juan Araya. Marco y Araya eran muy sencillos, accesibles, pero Lhuillier era muy serio. La escuela consistía en que los profesores te miraban cómo andabas a caballo y te hacían practicar sobre el mecánico. Ellos miraban, opinaban, pero nada más. No aprendíamos nada", reflexiona.

De una muy famosa injusticia fue víctima el mendocino durante dicho año en la escuela de jockeys. Al tratarse de una camada muy numerosa, "Valdi", por una cuestión simple de abecedario, quedaba último y casi siempre fuera de las prácticas sobre el caballo mecánico. Para colmo, culpa de eso, los profesores tampoco le prestaban la correspondiente atención en los vareos porque, probablemente, apenas lo tenían de vista. Ahora si, para duchar a los caballos de la escuela, a Jorge siempre le reservaron un lugar de privilegio, recuerda el "maestro", con su típica cuota de humor.

Cuando Jorge fue a reclamar por la situación, Lhuillie, lejos de mostrarse comprensivo, le vaticinó lo peor: "Nunca vas a ser jockey", sentenció, descreído de las condiciones del jinete rubio. Y lo dejó libre.

 Pero Jorge, un luchador de la vida, no bajó los brazos y siguió concurriendo. Para el examen final, es conocida la anécdota de que por motivos de salud, Lhuillier se ausentó dicho día. Jorge concurrió igual, y para su asombro, ni más ni menos que Irineo Leguisamo, la mayor leyenda de la fusta de nuestro turf, sería el examinador reemplazante. Jorge recuerda: "Se ve que Lhuillier no me había borrado de la lista, porque Leguisamo me llamó. El examen era sobre una partida. La hice y Leguisamo me aprobó". Poco tiempo después, Valdivieso se convertiría en aprendíz de moda, y años más tarde, la historia es conocida: múltiples estadísticas, y grandes premios hasta en los Estados Unidos, caso de Matt Boy en los años ochenta.

 Por desgracia, por aquellos años, el sistema de aprendizaje -si se puede decir que había alguno- no contemplaba el fogueo previo de los noveles aprendices en el interior argentino, antes de toparse contra las máximas figuras del turf. Como sucedió con Valdivieso y tantos otros, el debut consistía muchas veces en una carrera programada especialmente para aprendices, sin posibilidad de fogueo previo.

El mendocino, ganador del Pellegrini de 1981 y de 1986, con I'm Glad y Fain, respectivamente, agrega una comparación de épocas más que nutricia: "Antes, los jockeys empezábamos como peones, después nos hacíamos galopadores, y más tarde aprendices. En el interior directamente no corríamos. Hoy en día todo se enfoca en que te hagas un jockey profesional, como tiene que ser. Los chicos ya salen hechos de la escuela".

Los años siguieron pasando, y el turf argentino continuó con nuevos cambios: los días de carrera pasaron de tres reuniones semanales a ser diarias, incrementando enormemente la exigencia sobre el físico de los jockeys. La consolidación del filete como embocadura, permitió que los jinetes se apilaran más, esfuerzo ciertamente reservado para los más entrenados. "Antes, un jockey podía salir y cuidarse menos. Hoy en día eso es imposible, tenés que estar bien todos los días para ser competitivo. Sino, tenés que dedicarte a otra cosa", dice Valdivieso, y agrega: "La escuela no es solamente 'saber andar a caballo'. Hay muchas cosas que tenés que saber hacer, arriba y abajo del animal. La escuela sirve para enseñarte a cómo manejarte".

El desarrollo y mejoras de los circuitos de TV y los sistemas de simulcasting, en los años ochenta y especialmente a partir de los noventa, pusieron bajo la lupa a cada error que el jinete que corre en primera división comete. Una intensa experiencia previa en carreras se ha convertido en algo, más que recomendable, fundamental para los aprendices.

La década del '80 trajo nuevos cambios: Adolfo Sánchez CácedaOrestes Consenza y Ramón Ciaffardini serían los profesores. Sánchez Cáceda, filetero peruano, sería director hasta fines del siglo pasado, mientras que Consenza brindaba las clases de manejo del filete. De esa época, el virtuoso Horacio Karamanos sería el jockey con más suceso, incluyendo su campaña en los Estados Unidos, que viene exitosamente llevando a cabo desde hace más de una década. Otros jinetes conocidos y muy queridos en el medio: la gran Lucrecia Carabajal, Osvaldo Dávila y Alejandro Tajomisski también pasaron por sus aulas.

Para 1999, las puertas de la escuela de jockeys de hipódromo de San Isidro, el principal centro de entrenamiento de caballos de carrera del país y uno de los más grandes del mundo, quedarían cerradas, tras casi sesenta años de servicio. La escuela del Hipódromo de La Plata pasaría, de ese modo, a ser la única institución de formación oficial de la República Argentina.

Una nueva etapa: se reabre la EJAJC
Con la urgente necesidad de formar profesionales de primera categoría, cinco años más tarde, el 1ero de julio de 2004, con el Sr Pablo Piffaretti como Presidente de la Comisión de Carreras de San Isidro, finalmente se celebró la reapertura de la Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club. Los ex-jockeys Héctor Libré (curso teórico) y Victor Sabin (curso de técnica de equitación) serían los nuevos docentes, a los que se sumaría Diego Dávide, como profesor de educación física. La idea original de incluir un profesor de equitación y un caballo de andar fue desestimada, para enfocarse en el entrenamiento físico como pilar.

La tradicional enseñanza del uso del freno, por primera vez, también sería desestimada. En cambio, se puso un gran énfasis en la postura del jinete, que hoy en día es marca registrada de la escuela. Dicho estilo de montar se basa en la escuela americana, la cual centra su eje en la aerodinamia y se adapta mejor que ninguna a las pistas modernas. Es la más exigente físicamente. En oposición, encontramos la escuela británica, la cual se basa principalmente en el centro de gravedad, y es más apto para pistas con varios desniveles, como las típicas canchas inglesas e irlandesas, o la escuela francesa, un intermedio entre ambos estilos.

Con el objetivo de lograr una escuela de referencia a nivel internacional, la escuela intensificó su cursada, ampliándola a cuatro días semanales (tres horas cada jornada, compuestos por dos días de teoría de carreras y práctica sobre caballo mecánico, y los restantes dedicados al entrenamiento físico).

Para optimizar el rendimiento de cada aprendíz, Héctor Libré inició un plan de egresos personalizados. Se dejaba de lado así el viejo sistema de egresar alumnos en grandes camadas, al estilo "fábrica". Con esta nueva modalidad se obtuvo una notable reducción de los tiempos requeridos por los alumnos para graduarse de jockey profesional. Además, se realiza un seguimiento diario de cada egresado. Así es: de lunes a lunes.
Una nutricionista y una psicóloga, y más tarde, clases semanales de inglés (en la actualidad a cargo del Sr Juan Suchecki) complementaron el cuadro de contención y enseñanza en esta nueva etapa.

En 2007, sin los recursos necesarios pero comprendiendo su importancia en el contexto actual, el colaborador Miguel Almanza desarrolló el blog de la EJAJC, escueladejockeys.blogspot.com, en forma totalmente ad honorem, representando la primera página de una escuela de jinetes en latinoamérica. Durante el lapso de cuatro años ofreció estadísticas diarias y recopiló todas las notas de interés sobre y para sus egresados y alumnos. Entre otras cosas, elaboró un diccionario turfístico inglés-español, único en su tipo, que actualmente se emplea como base de las clases de inglés; se diseñaron todos los proyectos, investigaciones y traducciones llevadas a cabo por la escuela, como el proyecto de actualización de la escala de pesos (pionero en el continente americano), y la propuesta de una nueva reglamentación sobre el uso del látigo responsable, acorde a las concepciones más modernas de bienestar animal.

Actualmente, se está evaluando e investigando un proyecto sobre la incorporación a las carreras del Bitless Bridle, un moderno sistema de riendas que trabaja sobre puntos sensibles de la cabeza del caballo, y eliminaría definitivamente el uso del bocado. Este sistema ha sido probado y estudiado en la Argentina por el Dr Gustavo Bayón en los años '90s, y se está investigando en países como Canadá y los Estados Unidos. El objetivo que persigue este implemento es reducir significativamente a todas las patologías relacionadas al uso de bocado y descontracturar y reducir el stress del animal, sin por ello perder manejabilidad del caballo. Todas las pruebas experimentales que ha realizado el mismo Héctor Libré junto a su equipo, han sido positivas hasta el momento, pero aún queda mucho camino por andar.

Desde su apertura en 2004, se han graduado jinetes que hoy son renombre a nivel máximo: Anselmo ZacaríasJuan Cruz VillagraFrancisco Corrales, Pablo CarrizoWilson Moreyra, entre tantos otros.

Los números son impresionantes: aproximadamente el 50% de los egresados lograron graduarse de jockey profesional. En total, los egresados totalizan más de 6000 carreras ganadas, incluyendo alrededor de 300 carreras centrales. Se logró el récord argentino de tiempo para recibirse de jockey (Anselmo Zacarías, 2006), al primer aprendíz en ganar un Gran Premio Jockey Club (Facundo Jarcovsky, con City Banker, en 2008), la primera jocketta en ganar 6 carreras en un día (María Scaldaferri, en Cambá Paso, Entre Ríos, 2011), y los récords continúan.

Anexo II: ¿Cuales son los requisitos para ingresar a la escuela? 

Se requiere ser argentino nativo o naturalizado, tener el primario completo, y una edad mínima de 15 años, y máxima de 19 años. Los aspirantes deben hallarse en actividad como galopador en los hipódromos de Palermo, San Isidro, o entidad reconocida por la institución. La duración del curso es dos años.

Por otra parte, es fundamental que respondan a un peso máximo determinado según su edad:
a)15 años: 45 kilos y 1,55 metros;
b)16 años: 46 kilos y 1,56;
c)17 años:47 kilos y 1,57metros;
d) 18 años:48 kilos y 1,58 metros;
e) 19 años: hasta 50 kilos y hasta 1,60 metros.

Además de contar con la autorización del padre o tutor certificada por escribano, los aspirantes deben aprobar el examen de equitación y un examen psico-físico detallado, que incluyen un certificado de apto médico y diversos estudios.

Anexo III: La Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club (EJAJC), con el paso del tiempo

-Nace en el año 1940, a la par de otras escuelas, como la Escuela de Entrenadores del Jockey Club, con el objetivo de profundizar el desarrollo profesional de la industria del turf argentino.
-Inicialmente, se buscaba instruir al alumno en equitación clásica (no de carrera) y también en equitación de carrera. Dicha dualidad deseaba enriquecer a la segunda, que aún no era académica sino meramente empírica.
-Alejandro Lhuiller dirigió la escuela durante la década del '50 hasta la del '70 inclusive. Bajo su dirección, se desarrolló la equitación sobre caballo mecánico para mejorar y afinar la técnica de equitación de carrera. Con el chileno Juan Araya, a mediados de los '60 se incluyó el manejo del filete en la formación del alumno; dicha embocadura se impondría completamente pocos años más tarde.
-Posterior a Lhuillier, el peruano Adolfo Sánchez Cáceda fue el director que acompañó la escuela hasta fines de los '90, cuando cerró el establecimiento.
-La reapertura de la EJAJC ocurrió en 2004, con Héctor Libré como director y profesor de teoría, Victor Sabin como profesor de técnica de equitación, y Diego Dávide como profesor de educación física. Más tarde se agregarían un profesor de inglés, en la actualidad Juan Suchecki, una psicóloga y una nutricionista. La escuela cuenta con su propia página, escueladejockeys.blogspot.com, como nexo de comunicación entre aficionados, alumnos, y docentes, y como fuente de información sobre cada profesional. Desde la reapertura, han egresado aproximadamente 45 alumnos, obteniendo el título de jockey profesional el 50%, y totalizando más de 6000 carreras.
-La nueva época plantea un egreso personalizado, tomando al individuo en su integridad, y brindándole todo el apoyo y herramientas necesarias para que se desarrolle como un gran profesional y persona. A cambio, se le exige al alumno perseverancia, responsabilidad, solidaridad, y respeto a sus pares y mayores. A su vez, se realizan proyectos para la mejora de las condiciones de salud de los jockeys, y concientización y nuevos implementos para optimizar el bienestar animal en todos los aspectos que involucren la interacción jinete-caballo.

AGRADECIMIENTOS
Agradecemos profundamente el valioso tiempo que nos dispensaron y la paciencia ante muchas preguntas que realizamos para poder hacer esta reconstrucción histórica a los señores ex-jockeys:

Anibal Etchart
Jorge Valdivieso
Adolfo Quinteros
Raúl Tavella

Gracias!!!
 

© Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club Argentino Hipódromo de San Isidro .